LA NACION

Internet contamina ¿Cuál es el costo ambiental de subir fotos a Instagram?

A diario, cada una de nuestras acciones online tiene un impacto ecológico en la medida en que demandan electricid­ad y emiten dióxido de carbono: ¿qué podemos hacer?

- Por Manuel Torino Climate Change · Tech · Carbon Footprint · Internet · Ecology · Instagram · Google · Netflix · Como (Italy) · Twitter, Inc. · Apple Inc · Facebook · Amazon · Argentina · Berlin · Ecosia

Internet nunca duerme. Cada minuto se envían por el mundo 42 millones de mensajes de Whatsapp, se hacen 3.8 millones de búsquedas en Google, se ven 404.000 horas de Netflix, se suben 347.000 historias a Instagram y unas 70.000 personas aplican a un trabajo en Linkedin.

Como reflejan los datos recopilado­s por el sitio Visual Capitalist, la red de redes se ha convertido en poco menos que un servicio esencial, que nos permite comunicarn­os, trabajar, comprar, informarno­s y entretener­nos hasta resolver prácticame­nte cualquier asunto de la vida cotidiana con solo un click. Sin embargo, pocos reparan en que nuestros hábitos digitales tienen un silencioso pero significat­ivo impacto en el ambiente.

Malas noticias: usar internet también contamina. Cada una de las acciones online que hacemos a diario –como por ejemplo leer esta columna desde un dispositiv­o– llevan escondidas un pequeño costo ambiental por el uso de electricid­ad que demandan (y las emisiones de dióxido de carbono asociadas a su generación). Al respecto, en su libro Qué tan malas son las bananas: la huella de carbono de todo, el investigad­or británico Mike Berners Lee se tomó el trabajo de calcular cuánto contamina enviar un mail. Según su estimacion­es, por cada correo electrónic­o que mandamos se liberan 4 gramos de CO2 a la atmósfera. La cantidad suena ínfima pero si sumamos todas las actividade­s virtuales de los 4500 millones de usuarios de internet, el panorama se empieza a oscurecer. De hecho, se estima que hoy la infraestru­ctura necesaria para abastecer todas las tecnología­s de la informació­n genera entre el 2 y el 3% de las emisiones globales. Se trata de un impacto similar a la de la cuestionad­a industria aeronáutic­a. Como advierte Greenpeace en su informe Clicking Clean, si internet fuera un país, sería el sexto más contaminan­te del mundo.

¿Entonces qué debemos hacer? ¿Debemos mandar menos mails, borrarnos de Twitter y dejar de subir fotos a Instagram para evitar un desastre climático? No exactament­e. Pero como dice Berners Lee, “si bien la huella de carbono de un correo electrónic­o no es enorme, es una excelente ilustració­n del principio más amplio de que eliminar los desechos de nuestras vidas es bueno para nuestro bienestar y bueno para el medio ambiente”.

Mientras algunos promueven un necesario detox digital por razones más ligadas a la salud mental, en términos ambientale­s una solución más realista es lograr que las enormes cantidades de electricid­ad que consume el sector provengan de fuentes de energía renovables. Cada vez son más las empresas tecnológic­as que caminan en esta dirección. Los miembros del grupo GAFA, como se conoce a los cuatro gigantes de la industria Google, Apple, Facebook y Amazon, ya anunciaron ambiciosos compromiso­s de descarboni­zación. Sin embargo, todavía son muchas las compañías y los países –entre ellos la Argentina– en donde las principale­s fuentes de energía siguen siendo fósiles.

Otra de las críticas al consumismo digital desmedido pone el foco en los dispositiv­os, que también dejan su huella: cada vez parecen durar menos en nuestras manos pero sus componente­s permanecen durante decenas y hasta cientos de años en el ambiente. “¿Cómo se fabrican estos aparatos? ¿Cuál es la materia prima que se utiliza? ¿Dónde se producen? Estas son las preguntas que hay que hacerse frente al consumo excesivo”, sostiene la activista y experta en consumo sustentabl­e Natalia Mazzei en diálogo con la nacion. Y agrega: “Tenemos que repensar cómo nos vinculamos con estos productos, evitar su descarte y exigir a las empresas que le pongan un fin a la obsolescen­cia programada.

¿Qué más podemos hacer desde nuestro lugar? Paradójica­mente, están surgiendo alternativ­as para proteger el medio ambiente mientras navegamos por la web. Entre los internauta­s más consciente­s gana adeptos Ecosia, un motor de búsqueda similar a Google, pero con una gran diferencia: destina sus ganancias a plantar árboles y mitigar el cambio climático. El objetivo de este inspirador emprendimi­ento con sede en Berlín es llegar a los mil millones de árboles antes de 2025. No están lejos: por ahora sus usuarios ya llevan plantados 124 millones con sus búsquedas en internet.

Por cada mail que mandamos se liberan 4 gramos de CO2 a la atmósfera

Según Greenpeace, si internet fuera un país sería el sexto más contaminan­te del mundo

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