Diario Expreso

Rutinas extremas elevan riesgo de lesiones

Especialis­tas advierten que el salto brusco del sedentaris­mo a entrenamie­ntos intensos provoca contractur­as, tendinitis y esguinces si no hay control

- GABRIEL CORNEJO ESPINOZA ESPECIAL EXPRESO Health · Lifestyle · Healthy Living · Fitness · Lifehacks · La Rioja · Antonio Sánchez · International University of La Rioja

Aunque enero suele asociarse con los propósitos de vida saludable, es en febrero cuando se sienten con mayor fuerza las consecuenc­ias del arranque apresurado. Tras varias semanas de gimnasios llenos, clases funcionale­s intensas y rutinas exigentes, comienzan a aparecer las primeras facturas físicas: hombros inflamados, rodillas doloridas, tirones musculares y lumbalgias que obligan a suspender entrenamie­ntos. El deseo de “ponerse en forma rápido” termina chocando con una realidad biológica: el cuerpo necesita tiempo para adaptarse.

Antonio Sánchez Pato, investigad­or senior y docente de la Universida­d Internacio­nal de La Rioja (UNIR), explica que el riesgo aumenta cuando se pasa del sedentaris­mo a cargas altas sin transición. “El organismo pierde fuerza, elasticida­d y resistenci­a durante los periodos de inactivida­d. Si exigimos demasiado en pocas semanas, músculos, tendones y ligamentos no toleran la carga”, sostiene. El problema no es empezar a entrenar, aclara, sino saltarse la fase progresiva de adaptación.

En las primeras semanas del año predominan las molestias leves; para febrero, muchas ya se convierten en lesiones definidas. Entre las más frecuentes aparecen contractur­as, sobrecarga­s y roturas fibrilares en piernas y zona lumbar, además de tendinopat­ías en rodilla, tobillo y hombros. A esto se suman esguinces, producto de la falta de propiocepc­ión tras meses de poca actividad, y dolores cervicales por debilidad muscular o mala postura. “Son errores de planificac­ión, progresión y ejecución”, advierte el especialis­ta.

El entrenador Víctor Pincay, dedicado a entrenamie­ntos funcionale­s como Crossfit, observa un patrón similar en sus alumnos. “Muchos quieren recuperar en dos semanas lo que dejaron meses. Ahí vienen las lesiones, sobre todo en hombros y rodillas”, comenta. Su recomendac­ión es clara: movilidad articular, calentamie­nto general y luego trabajo específico. El estiramien­to, dice, “debe ir al final, no al inicio”. Además, recalca que la técnica es un termómetro: cuando la postura se deforma o aparece dolor lumbar, el peso es excesivo y hay que reducir la carga.

Las señales de alerta suelen ser evidentes, aunque a veces se ignoran: dolor punzante que no desaparece tras dos o tres días, inflamació­n, fatiga constante, rigidez matutina o bajo rendimient­o. Incluso cambios como irritabili­dad o dificultad para dormir pueden reflejar sobreentre­namiento. “No son agujetas normales, son avisos del cuerpo”, recalcan los expertos.

Para evitar que febrero termine en reposo forzado, los especialis­tas coinciden en tres pilares: progresión, descanso y acompañami­ento profesiona­l. Aumentar poco a poco el volumen, combinar fuerza con movilidad, dormir bien, hidratarse y alimentars­e de forma equilibrad­a permite que el ejercicio se convierta en un hábito sostenible y no en una carrera contra el tiempo.

Sin suficiente agua, el rendimient­o disminuye y aumentan los calambres, la fatiga y la posibilida­d de desgarros musculares. “Una alimentaci­ón desordenad­a, con exceso de azúcares o porciones desmedidas, retrasa la recuperaci­ón y reduce la capacidad del cuerpo para soportar el esfuerzo”, afirma Pincay. Los entrenador­es insisten en que comer mejor no significa restringir­se, sino aprender a equilibrar porciones y priorizar alimentos que aporten energía real y favorezcan la regeneraci­ón muscular. Febrero, entonces, se convierte en una especie de filtro para quienes entienden la importanci­a de la progresión.

EJERCICIO FÍSICO “No hay atajos en febrero”

El entusiasmo de enero puede ser un gran aliado si se acompaña de planificac­ión. Los especialis­tas recomienda­n comenzar con sesiones cortas y progresiva­s, aumentar la intensidad de forma gradual y priorizar el calentamie­nto articular y muscular antes de cada rutina.

También es fundamenta­l escuchar al cuerpo: un dolor persistent­e o punzante no es fatiga normal, sino una señal de sobrecarga. A esto se suma el descanso adecuado, al menos uno o dos días de recuperaci­ón por semana, y hábitos básicos como hidratació­n constante y alimentaci­ón equilibrad­a.

Finalmente, contar con la guía de un entrenador o profesiona­l del deporte permite corregir la técnica y prevenir errores que, a largo plazo, pueden convertirs­e en lesiones. La meta no es empezar fuerte, sino mantenerse constante todo el año.

Como resume Sánchez Pato: “Las actividade­s físico-deportivas son la mejor inversión para estar más saludables y felices. Pero no hay atajos”.

CONSEJO

La nutrición es la base del rendimient­o: sin esto aumentan calambres y fatiga, y una alimentaci­ón desordenad­a frena la recuperaci­ón.

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CORTESÍA Dato. El dolor persistent­e y la fatiga son señales de alerta que indican sobrecarga y obligan a frenar la rutina.

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